Peruanos en el Mundo: Al cruzar la puerta de Alcalá…

Por: Roberto Pazos /

Muchos de los peruanos que emigran a Europa llegan primero a España por la facilidad de poder expresarse en su mismo idioma. En Madrid, la capital española, una peruana nos cuenta cómo fue su historia desde que llego aquí hasta que empezó a trabajar en un oficio poco común para una mujer: chofer de bus.

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Gladys Solano nos recibe en un café en el centro de la turística ciudad de Madrid. “Llegue en marzo de 1991, mi hermana me animó…en los primeros seis meses no encontré trabajo, luego vino el verano y empezaron a llover las ofertas de empleo…cuidé niños, limpié casas y también laboré en muchos trabajos de hostelería” dice Gladys.

 

La vida de Gladys dio un giro de 180 grados cuando recibió una propuesta que no se lo esperaba: “Cuando saqué mis papeles vendía comida congelada a domicilio, cuando el negocio se puso malo, una compañera de trabajo me convenció a que sacara la licencia para manejar buses, es así como conseguí este trabajo en una compañía de transporte público” dice la chofer peruana.

 

La tranquila tarde madrileña en la plaza de la Puerta del Sol es interrumpida por las balas de salva que la policía municipal dispara con la intención de dispersar una manifestación. “Ay que susto (Gladys se sobresalta)…se están juntando ‘Los Indignados’, este es un grupo de desempleados que se hicieron famosos por las protestas en contra del sistema capitalista que empezaron un 15 de mayo del 2011, desde acá se extendieron a todo el país, Europa y el mundo” dice nuestra interlocutora.

 

España ya no es el país donde miles de inmigrantes llegaban a diario para trabajar y enviar dinero a sus familias. La crisis económica mundial afecto profundamente a este país que vivió una bonanza a costa de la construcción y el turismo. “Ahora parece que las cosas en América Latina están mejor, escucho que el Perú está avanzando…nunca se sabe si volveré” dice Gladys en voz alta para dejarse escuchar en medio de las sirenas de los patrullas rompe manifestaciones.

 

Tratando de escapar de las protestas, Gladys se dirige a la Plaza Mayor no sin antes pasar por la calle “De las postas” en donde estatuas humanas nos dan la bienvenida. “Estos artistas están acá por horas, les das una moneda y se mueven (mostrando un soldado que mueve el rifle después de que Gladys hecha un euro en una lata en el piso)…que cansado debe estar el pobre” dice la chofer.

 

Numerosos andamios se divisan en la Plaza Mayor. “Acá se están preparando para las fiestas de San Isidro, el patrón de la ciudad, como verán la plaza está llena de turistas…España es uno de los países con mayor turismo mundial…aun en estos tiempos difíciles” aclara Gladys.

 

Pero a pesar de que los inmigrantes peruanos hablan el mismo castellano en casa en Madrid, es inevitable el choque cultural. “La gente en Madrid se ríe cuando me escucha hablar jergas peruanas y por otro lado, cuando voy a Perú me preguntan de dónde vengo...a veces pienso que ‘No soy ni de aquí, ni de allá”, dice Gladys algo confundida.

 

Otra sirena se escucha y Gladys recuerda el atentado terrorista en la estación central de trenes de Atocha ocurrido el 11 de marzo de 2004; cerca de 200 personas murieron y alrededor de dos mil quedaron heridas. “Se me pone la piel de gallina cuando lo recuerdo (el atentado del M-11), mi hijo acababa de enlistarse en el ejército y el usaba mucho el tren…gracias a Dios pude comunicarme con él y me dijo que estaba bien…para una peruana que ha vivido el terrorismo en casa fue como una pesadilla que volvía a repetirse” dice Gladys con aparente perturbación.

 

Una de las ventajas que tiene Madrid es que el centro histórico se puede hacer fácilmente a pie. En la catedral metropolitana una multitud se congrega para escuchar un discurso a favor del inmigrante. “En mi trabajo me dicen Machu Picchu, esto por la serie ‘Aida’ que acá es muy popular…es depende como te lo digan, conmigo se han portado bien, pero he visto que el ciudadano español tiene mucho resentimiento contra el inmigrante” dice Gladys.

 

Estamos en la víspera del día de las madres y Gladys se encuentra con su hijo, ella no duda en hacer la presentación de su vástago: “José María es mi hijo mayor, llegó a los siete años y al principio no le gustaba la comida española, pero después de un tiempo se molestaba cuando no le preparaba tortilla de patatas…Ahora trabaja en el cuerpo de paracaidistas en el ejército español y recientemente fue destacado en el Líbano y Afganistán” dice la orgullosa madre.

 

El joven militar de una veintena de años también tiene palabras de elogio para su madre: “Para empezar creo que hay que tener mucho valor para salir de su país…siendo tan joven, sola y con la carga de dos hijos: mi hermano menor y yo…Además para conducir un bus, que es un monstruo de siete metros, también hay que tener mucho valor” dice José María y abraza a su progenitora.

 

Para entender el titánico trabajo de Gladys hay que subirse al bus con ella, la chofer llega temprano al paradero del arco de Moncloa, sube al bus y prepara la maquina. “Me gusta mi trabajo…disfruto cuando la gente sube al bus y sonríe, yo trato al pasajero como me gustaría que ellos me trataran” dice la dinámica conductora con una sonrisa.

 

Al ver de cerca todo lo que Gladys hace para maniobrar el inmenso bus comprendemos porqué este trabajo no es el oficio típico para una mujer. “No tengo la fuerza de un hombre, la agilidad de maniobrar, sobre todo lo complicado que es la mecánica de un vehículo de esta magnitud…en cualquier momento algo puede fallar” dice Gladys con seriedad y profesionalismo.

 

Tomamos la ruta diaria que Gladys hace: la salida de la ciudad, el hermoso paisaje de la sierra nevada y los pueblos aledaños; un recorrido de casi dos horas que termina en un campus Universitario. Desde la casa de estudios se vislumbra una extensa campiña, Gladys se toma un breve descanso y vuelve al autobús. “Yo he pensado volver al Perú cuando este viejita…me he adaptado fenomenalmente a este país, pero me gustaría tener una casita en la playa…en un futuro tal vez, pero por ahora estamos aquí y de momento bien” dice Gladys y arranca el motor para regresar al punto de partida, como si de eso se tratase la vida…

 

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