PERUANOS EN EL MUNDO: QUEBEC (CANADA)





En “Peruanos en el Mundo” vamos a Quebec, la provincia más francesa de Canadá y en la ciudad de Montreal una chalaca nos muestra cual su “Pasión Latina”. Además, el chef peruano que decidió empezar una nueva vida en Montreal y ahora prepara “Tiraditos” al estilo canadiense en su restaurante “Madre” y el actor peruano que se lanzó al desafío de incursionar en el cine canadiense donde es el “Galán” de moda en las pantallas francófonas en Montreal. Todo esto y mucho más en “Peruanos en el Mundo” desde Quebec, Canadá.

DESCRIPCION

Quebec es la provincia canadiense que fue colonizada por los franceses en el siglo XVII. A pesar que ahora forma parte de Canadá, en esta provincia todavía se habla el idioma francés con su acento único conocido como “Quebecquoise”.


La ciudad de Quebec yace a orillas del rio Saint-Laurent y aún mantiene su centro colonial amurallado conocido como el viejo Quebec. El castillo “Frontenac” se erige imponente en esta ciudad que ha sido nombrada patrimonio cultural de la humanidad por la UNESCO.

Montreal es la ciudad más grande de Quebec y la más cosmopolita. Desde el Monte Real hay un mirador donde se divisa el antiguo centro que contrasta con los rascacielos del moderno Montreal. Ciclistas, peatones y románticos disfrutan de la brisa en el malecón del viejo puerto.

En 1976 Montreal se vistió de gala para recibir a los juegos olímpicos, desde ese entonces la ciudad ha experimentado un renacer artístico. Restaurantes, cafés, músicos callejeros y festivales han dado la reputación a Montreal como el centro de la cultura francesa en Norte América.

DIARIO

Pocos destinos en América del Norte ofrecen una sensación de encontrarse en Europa. La ciudad de Quebec es una joya en la provincia canadiense de habla francesa. Al llegar al viejo Quebec sentí que había viajado en una capsula del tiempo hacia el siglo XVII cuando los colonos franceses llegaron a las orillas del rio Saint Laurent. El hotel se encontraba en una empinada calle de piedras, a los costados “Bistros” con el menú del día, al fondo el icónico castillo Frontenac dominando la silueta de esta bella ciudad.
Algo que me sorprende de Quebec es la manera como esta ciudad está diseñada: el viejo Quebec está rodeado por murallas que salvaguardaban la ciudad de los invasores extranjeros. Además su ubicación en la cima de un peñón lo hace estratégico para que desde su fortaleza (castillo Frontenac) se pueda divisar el resto del valle. Con mucha justicia el viejo Quebec ha sido proclamado como patrimonio cultural de la humanidad por la UNESCO.

El centro de Quebec es hermosamente simple, la arquitectura no está sobrecargada y sus calles invitan al paseo. En sus parques resalta el color morado de la flor de lis, símbolo francés, así como los artistas callejeros que cantan, hacen malabares y montan obras teatrales. Todo fluye de manera orgánica, sin pretensiones de cautivar al turista, simplemente abriendo la cultura local a quien quiera conocerla. Me pregunto si el encanto de Quebec se debe a su reducido tamaño, su cultura latina o a su lejana ubicación. Quizás la respuesta está en su espíritu independentista.

En mis conversaciones con el chofer de taxi, los comerciantes locales y el recepcionista del hotel pude notar la admiración que el “Quebecquoise”, poblador de Quebec, siente por su tierra. Dentro de sus murallas Quebec encierra el romanticismo de una ciudad que se niega a ceder a la agitada modernidad, la globalización cultural y la masificación industrial. Una copa de vino, una croqueta con pate, la música del acordeón de un artista ambulante; así es como recuerdo Quebec.

Siguiendo la ruta hacia el suroeste llegamos a Montreal, la ciudad más grande de esta provincia canadiense de habla francesa. En cierta medida Montreal me hace recordar a Paris: la catedral de “Notre Dame” en el lugar de su fundación, el “Hotel de Ville (municipio) al final de un amplio bulevar y el viejo puerto a orillas del rio Saint Laurent me traen memorias de la capital francesa.

En la agradable mañana de verano en el centro de Montreal nos encontramos con Víctor Andrés Trelles, un actor de origen peruano que está incursionando en el cine y la televisión francófona de Canadá. Víctor está en sus 30, conserva una delgada silueta y gracias a que domina tres idiomas (español, francés e inglés) ha podido obtener muchos roles en los medios audiovisuales de Montreal.

Los inicios de Víctor en el cine van en paralelo con la historia de su familia. El debut del joven actor peruano en la pantalla grande fue con la película “Por l’amour de Dieu” (“Por amor de Dios”) donde interpreta a un sacerdote católico que se enamora de una monja. Precisamente su abuelo fue un cura que viajo a la amazonia peruana en misiones pastorales y dejo la iglesia al enamorarse de una bella nativa.
La entrevista con Víctor Andrés va yendo más personal: “Me puse a estudiar actuación cuando me di cuenta que los seres humanos no son totalmente buenos o malos, la gente va sufriendo transformaciones y cambia, muchos de ellos son seres no entendidos” dice Víctor mientras frunce el cejo en este que es su papel más difícil: el ser el mismo y hablarme con lo que realmente siente en su alma.

Víctor decidió hacer su carrera actoral en Montreal porque esta ciudad cuenta con una gran diversidad cultural. Además de anglo-sajones y francófonos esta ciudad está abierta a los hispanos, hindúes, árabes y miles de inmigrantes de todos los rincones del mundo. “Acá la cultura es muy fuerte, el arte es muy interesante y diferente al cine comercial de Hollywood, al quebecquoise le gusta contar sus historias” dice Víctor con pasión.

Yo pude comprobar lo que dice el joven actor, en Montreal se respira cultura. En el verano la plaza de los festivales se llena de miles de visitantes que atienden los conciertos de jazz, muestras de cine y el festival de la francofonia. “Siento que tengo más oportunidades en Montreal, acá se producen cerca de 40 películas al año, yo tuve la oportunidad de protagonizar unas cuatro, ahora actuó como pirata en una serie para niños” dice Víctor mientras se toca la cola que dejo crecer en su cabello para hacer su papel más verosímil.

Aunque Víctor regreso con su famiia de Peru cuando apenas él era un niño, él fue criado por sus padres hablando español y aprendiendo las costumbre peruanas. Víctor encuentra una similitud entre las películas peruanas y las quebecquoise: “En Montreal como en Peru se hacen películas que por su calidad parecen de mucho presupuesto pero en verdad no son tan costosas, a mí me gusta más el toque humano de las historias que los millonarios efectos visuales” dice Víctor.

Caminando por la calles de Montreal pude darme cuenta de la gran inversión en teatros, salas de conciertos y galerías de pinturas; casi todo este arte esta subvencionado por el gobierno. También muchas películas se hacen a perdida, pero el estado es consiente que la producción de ellas atraen servicios que generan más trabajo.

Víctor nos lleva a un inmenso parque cerca de la villa olímpica, este fue el escenario de sus primeros cortometrajes en donde debuto como actor. En este set natural Víctor nos resume su experiencia actoral: “Cuando actuó me pierdo en el momento, aunque me dirigen de aquí para allá, mi sentimientos son los del personaje que interpreto” enfatiza Víctor como si estuviera narrándome un cuento.

Cruzamos hasta la villa olímpica donde el imponente estadio se erige como un monumento a la prosperidad que experimento Montreal en las décadas de los 70 y 80. Después de los fallidos movimientos independentistas muchas corporaciones se mudaron al este hacia el oeste a la Canadá anglosajona, aunque el Quebec francés tuvo una fuga de capitales, nunca perdió su espiritu. “Agradezco mi herencia peruana, la gracia y chispa con la que los peruanos se expresan, sin tomar las cosas de manera tan dramática…espero que algún día también puede actuar allá” culmina Víctor con una franca y espontanea sonrisa.

CONSEJOS

_Si viaja a la provincia de Quebec ya sea por turismo o negocios se recomiendo que aprenda algunas palabras básicas en francés para que entienda señales, anuncios y reglas locales...

_En la provincia de Quebec no se olvide de probar el “Poutine” es toda una tradición que no debe perdérsela.

_Viaje a Quebec en primavera o verano para que su visita sea más provechosa, en invierno las temperaturas en invierno pueden llegar a -40 grados centígrados

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